Ejemplo de elegía

Ejemplo de elegía, pertenece a la poesía lírica, pues es un subgénero de ésta como poema de lamento.
En este tipo de poesía se lamenta un sentimiento, a una persona, el tiempo, la vida o una ilusión.
Todo cuanto sucede en la vida puede lamentarse a partir de una poesía lírica, en este caso una elegía.

Ejemplo de elegía, grecolatina

Ejemplo de elegía, grecolatina

Ejemplo de elegía, grecolatina

Un ejemplo de elegía en la literatura grecolatina era considerada como una poesía que se componía en el metro elegíaco, con una alternancia de un verso hexámetro y un verso pentámetro. Era asociada al verso de amor. Propercio y Tibulio fueron dos poetas elegíacos.

Ejemplo de elegía, autores

Como autores más conocidos de elegías además de los antedichos Ovidio con Amores, Pónticas y Tristes, Propercio y Tibulio, también es posible citar a Jenófanes de Colofón, Semónides de Amorgos, Tirteo de Esparta, Calino de Éfeso, Mimnermo de Colofón, Teognis de Mégara y Solón de Atenas entre otros más.

Ejemplo de elegía, española

Ejemplo de elegía, española

Ejemplo de elegía, española

Como clásicos dentro de este género en la literatura española se encuentran del siglo XV de Jorge Manrique: Coplas por la muerte de su padre. De Federico García Lorca, El llanto por Ignacio Sánchez Mejías. De Miguel Hernández: la Elegía a Ramón Sijé que pertenece al libro El rayo que no cesa.

De César Dávila Andrade: Boletín y Elegía de las Mitas. De Jaime Sabines: Algo sobre la muerte del mayor Sabines. De Rafael Landívar: Rusticatio Mexicana. De Octavio Paz: Elegía interrumpida.

Ejemplo de elegía, a una vida trágica

El fin se está acercado
No puedo encontrar consuelo y cada vez me acerco más.
Una cuota inerme ha cobrado el tiempo
Dejando claro que se ha apoderado de mí.
Mi vida fue un trágico y simple fracaso.
No me atreví a más a causa del miedo.
Un miedo que no fue a otros ni al mundo entero.
Mío fue el terror y nunca pude comprenderlo
Hasta que llegó el día final.

Ejemplo de elegía, el rayo que no cesa

Ejemplo de elegía, el rayo que no cesa

Ejemplo de elegía, el rayo que no cesa

Sólo a ti, cumpliendo una promesa
Que olvidaste como si ella fuera tuya
Un cuchillo carnívoro
De ala homicida y dulce
Sostiene un brillo y un vuelo
Alrededor de mi vida.

Rayo crispado de metal
Caído fulgentemente,
Mi costado picotera
Y un nido triste hace en él.

Florido balcón, mi sien
De mis tempranas edades
Está negra y mi corazón,
Con canas mi corazón.

Tal es la virtud mala
Que me rodea del rayo.
Que a mi juventud voy
Como a mi aldea laguna.
Las pestañas recojo
Sal del ojo y sal del alma
Y de telarañas flores
Recojo de mi tristeza.
¿Donde iré que no vaya
a buscar mi perdición?
Es de la playa tu destino
Del mar es mi vocación.

De esta labor descansar
Del infierno, del amor del huracán
No es posible, y el dolor
Hará mi eterno pesar.

Pero vencerte podré al fin
Rayo y ave secular,
Corazón, que de la muerte
Hacerme dudar nadie ha.

Sigue cuchillo, sigue pues
Hiriendo, volando. Algún día
El tiempo se pondrá amarillo
Sobre una fotografía mía.

Lee sujeto lírico.

Elegía A Ramón Sijé; Miguel Hernández

El hortelano quiero ser llorando
De estercolas de la tierra que ocupas
Tan temprano, compañero del alma.

Alimentando caracolas,
órganos y lluvia siento dolor sin instrumento
A las amapolas desalentadas.

Tu corazón daré por alimento.
En mi costado cuánto dolor se agrupa
De tanto doler hasta el aliento me duele,

Un golpe helado, un manotazo duro,
Un hachazo homicida e invisible
Te ha derribado un empujón brutal.

No existe extensión más grande que mi herida,
Mi desventura y sus conjuntos lloro
Y tu muerte siento más que mi vida.

Sobre los rastrojos de difuntos ando
Y sin consuelo, sin calor de nadie
De mi corazón voy a mis asuntos.

La muerte levantó el vuelo muy temprano,
La madrugada madrugó temprano
Rodando por el suelo estás temprano.

A la muerte enamorada no perdono,
A la vida desatenta no perdono,
A la nada, a la tierra no perdono.

Una tormenta levanto en mis manos
De hachas estridentes, rayos y de piedras
Hambrienta, y sedienta de catástrofes.

Con los dientes escarbar la tierra quiero,
Parte a parte la tierra apartar quiero
A calientes y secas dentelladas.

Hasta encontrarte la tierra quiero mirar
y la noble calavera besarte
Regresarte y desamordazarte.

A mi higuera y a mi huerto volverás
Por los andamios de flores altos
Tu alma colmenera pajareará.

De labores y ceras angelicales.
Al arrullo de las rejas volverás
De los labradores enamorados.

De mis cejas su sombra alegrarás
Y a cada lado se irán en tu sangre
Las abejas y tu novia disputando.

Tu corazón, ajado ya terciopelo,
A un campo de espumosas almendras llama
Mi voz avariciosa de enamorado.

A las almas aladas de rosas
Le requiero al almendro de nata,
Que muchas cosas tenemos que hablar,
Compañero, compañero del alma.

A mi padre de Rafael Bervín

¿Cómo no voy a llorar?
Si como el viento te has ido
Si el dolor que siento ahora
Nada lo puede aminorar.
Cómo no aflorar lo que el corazón sufre?
Si por una razón absurda
Desagarrado sin derecho está
Nuestro pecho destrozando
Sin compasión, la muerte.

Nos golpeó la desgracia
Sin ti dejándonos, Padre;
A nuestra Madre marchitando
Como a la flor el verano.
El temor me acobarda
Por los futuros años nuestros:
Como el encapotado cielo;
Porque sin ti al lado nuestro
Tiempos duros nos esperan.

Cobardía siento, Padre,
Será dura la vida ahora.
Sin apoyo sin tu ayuda,
Cómo conformarme poder?
Cómo me resignaré sin remedio a perderte?
Sin saber a qué predio
A descansar has ido,
Sin saber donde estás
No puedo tranquilizarme.

Y es que sin igual te fuiste
Como esposo, como padre
Tu dichoso matrimonio
Quedará como ejemplo.
Dar fue tu debilidad
Sin nada a cambio pedir
Regalabas tus consejos
Nunca tuviste riquezas
Pero supiste enriquecernos
Hablando como hablabas.

Y quedará tu obra
Tu sabiduría magna
Que día a día nos diste
Perpetuará el tiempo.
No borrarán los siglos
Las huellas que dejaste;
Porque a pesar que pase el tiempo
Nuestros hijos tendrán nietos
Que con regocijo de tus enseñanzas
Hablarán, Padre.

Elegía para un perro

Solo nunca supo estar.
Parecía que hubiera entrado
En su corazón, perro callejero.
En una fiesta convertía
Tu regreso a casa. El héroe eras
Que derrotado vuelve y recibe
Truenos de oro, claros clarines,
ladridos jadeos y atropellos.

Cazador frustrado. Presa alguna
Lograba aunque se recuerde
Cuando cogió de cachorro
Un jabatillo que quizás
Chocó con él de casualidad.
Con aire miedoso y tímido
De perro que hambre y golpes ha sufrido
Y la mirada cariñosa y triste.

Sé que ni cielo existe para los hombres
Pero quizás, Hadock, dioses hayas
Para el cuidado de los perros al morir.
No importa demasiado y bien pensado está
Porque seguirás vivo
Porque de tu nombre nos acordaremos
Para revivir las noches en las que
La soledad era más apacible y corta porque
Tú a los pies estabas, quieto y callado.

El campo nos espera, vamos Hadock
Entre los encinares correrás hoy.
Por fin cazarás entre sueños!

A la muerte de Atahualpa

En un guano corpulento
Un carabo viejo está
Con el lamento de los muertos
En soledad llorando;
Y la tortolilla tierna
Más allá en otro árbol,
Tristemente lamentando
En su pesar le acompaña.

Vi los blancos como niebla
Llegar en muchedumbre
Más oro y más oro queriendo,
Más y más se aumentaban.

Al padre inca venerado
Con una falaz astucia
Le cogieron y rendido ya
Una muerte fatal le dieron.

Corazón de cruel león!
Manos de voraz lobo,
Como a cordero indefenso,
Sin piedad le acabasteis!
El trueno reventaba, entonces
Asaz caía granizo
En ocaso entrando el sol
La oscuridad reinaba.

Los sacerdotes al mirar
La maldad espantosa
Entraron de pesar.

Cómo no he de sentir?
Cómo no he de llorar?
Extranjeros solamente
Habitan ya en mi tierra
¡Ay! Hermanos míos, venid
Nuestro pesar juntemos,
Nuestra orfandad lloremos
En ese llanto de sangre,
Padre mío, vos Inca
Que habitáis el alto mundo
Jamás olvidéis allá
Estás lágrimas de duelo.

¡Ay! Recordando no muero
La adversidad funesta
Cuando desgarra vivo
Mi corazón el pesar!

Vida trágica

El fin se acerca, consuelo no encuentro
Cada vez más me acerco

Su inerme cuota se ha cobrado el tiempo
Con su poderío aclarado ante mí.

Trágico y simple fracaso fue mi vida
Por miedo a causa no logré nada.

Ni al mundo ni a los demás fue el miedo
A mí mismo fue un temor

Entender jamás lo logré
Hasta que el día final ha llegado.

Dulces

Desde el gran camino hoy, bajo el fuerte y claro sol,
Quedé muda hacia atrás mirando,
Desde muy lejos tu voz, con olor a muerte,
Al oído me aulló un “¡Nunca Más!”

Triste muy triste hasta inerte quedé
Muy lejos estás y nunca volverás!
Los besos de la muerte no se pueden lavar con lágrimas
No miréis hacia atrás almas mías queridas!

Como ataúdes se cierran los pasados,
En aludes dorados las hojas al otoño
Arde y ruedan en la nueva floración los troncos…

… Caminos negros de las auroras son las noches…
Se oyen deshojar las horas tristemente
Hablemos dulces al corazón de otras flores.

¿Qué piensas de esto?